Por: Héctor Tejada, Presidente Asociación Nacional de Ferias Libres (ASOF). Columna de opinión publicada en La Nación Domingo, el 25 de octubre de 2009.
Las ferias libres poseen un enorme valor cultural, social, económico y afectivo. Muchos hemos crecido junto a la feria cercana a nuestros hogares, y los caseros reconocen a sus clientes de siempre, recuerdan a sus hijos y nietos y saben elegir el producto que más le conviene a su casera o casero. Cuántas generaciones de chilenos hemos crecido junto a las ferias libres y a sus feriantes. Se los reconocen por los clásicos pregones. No cabe la menor duda que las ferias son espacios de esparcimiento y de encuentro comunitario. Algo que se empieza a debilitar con la llegada de los malles, de supermercados y minimercados que han comenzado a amenazar el rol de las ferias.
Pero no su relevancia cultural arraigada en la ciudadanía. El intercambio humano directo que se observa en las ferias constituye una interacción que, para algunos estudiosos, se asemeja a lo que ocurría en el ágora clásico; un espacio de apropiación de las clases populares, tal vez los únicos sitios donde se conserva aún la relevancia de la soberanía popular, dice Gabriel Salazar.
En materia de precios, las ferias siguen siendo el lugar más conveniente en la adquisición de frutas y verduras, comparado con los valores de los grandes mercados, acorde a información semanal de ODEPA. En promedio, una familia gasta $10.000 a la semana en las ferias libres comprando, además, alimentos sanos y resolviendo necesidades básicas, que aportan a un consumo responsable. Organismos internacionales, como la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), valoran el papel de las ferias como propulsoras de una alimentación saludable para la población. Académicos de la Universidad Católica sostienen que las ferias libres son probablemente la última gran oportunidad de acceso a alimentos frescos, nutritivos y baratos para cumplir con las metas de combate a la obesidad y las enfermedades relacionadas a ella. Ello cobra sentido en un país como el nuestro, con índices de obesidad infantil que bordean el 10% en pequeños menores de los 5 años. Los chilenos se alimentan cada día más de comida chatarra, que es pan para hoy y enfermedades para el futuro. Como asociación nos hemos preocupado de incentivar una alimentación saludable, a través de la implementación de programas en terreno que enseñan a la población y a nuestros mismos feriantes por medio de recetas sencillas y económicas, que cualquier grupo familiar puede implementar. Un ejemplo de ello es el Festival de la Legumbre, una actividad arraigada en la comuna de Cerro Navia, donde este año se repartieron 2.200 platos de legumbres en las calles.
Las ferias permiten que las personas no sólo economicen en su compra, sino que también contribuyen a aminorar la concentración económica en la distribución de los alimentos, que actualmente en Chile está en manos de 4 empresas que concentran el 75% del mercado. En contraste a ello, las ferias posibilitan 80 mil emprendimientos familiares. Asimismo, constituyen el canal de distribución para la Agricultura Familiar Campesina que no tendría otra vía de comercialización, si no fuera por las ferias.
En la Convocatoria a nuestro 2° Congreso Nacional manifestamos que la gran batalla de hoy es la lucha por la defensa de la cultura nacional de la feria libre, ante una cultura que trata de imponerse en la venta al detalle de parte de supermercados y malles. Esto no es sólo un tema feria, es un tema país.
Valoramos la decisión de la Presidenta Michelle Bachelet, de iniciar un programa de desarrollo con la modernización de 41 ferias en el país, a través de proyectos con SERCOTEC, y del fortalecimiento organizacional del sector. Creemos que esta línea de trabajo habría que consolidarla y ampliarla, para contar con más y mejores ferias. Al mismo tiempo, agradecemos la labor realizada en conjunto con el Servicio Nacional de Capacitación (SENCE), mediante una alianza estratégica, que nos ha permitido capacitar a 2.520 comerciantes de ferias libres entre los años 2008 y 2009, específicamente en el diseño de gestión de ferias libres y en la elaboración de proyectos, ello a través de 126 cursos realizados en casi todas las regiones del país.
En nuestros congresos, seminarios y talleres queremos reivindicar a las ferias como espacios esenciales de la cultura nacional que brindan empleo directo a 80.000 personas y que promueven el consumo de alimentos saludables y a bajos precios. Instamos a consolidar y ampliar las políticas públicas para su desarrollo, a la tramitación de la Ley de Ferias para normar el sector y que radica el Congreso desde 2003, acogiendo nuestras observaciones y solicitando además que prontamente sean consideradas como parte del patrimonio nacional. Finalmente, instamos a relevar la necesidad de contar con un Fondo Nacional de Desarrollo orientado a las Ferias Libres que esté incorporado en el presupuesto nacional.












