Pese a que existen 190 productos que pueden ser incorporados en la dieta, una investigación de la U. de Chile revela que los niños de cuatro años comen sólo 75 de ellos y 55 en los casos más severos. Todos tienen una muy baja ingesta de frutas, verduras y pescados. Lo peor: en su reemplazo comen en exceso dulces y golosinas.
Fuente: La Tercera. 22 de junio de 2010
por Alexis de Ponson M.
¿Qué productos guarda en su despensa y refrigerador? Probablemente abunde el pan, las galletas, el arroz, los fideos, las carnes rojas, las cecinas, las hamburguesas y algunas golosinas. También debe tener verduras y frutas, aunque en menor cuantía. ¿Pescado fresco y mariscos? Ninguno o muy pocos.
Aunque la decisión de compra es de los padres, ésta no sólo influye en la calidad de la alimentación de ellos, sino también de sus hijos. Así lo constató una investigación de la U. de Chile, dirigida por Carlos Castillo: en promedio, los menores de cuatro años comen sólo 75 alimentos distintos. Aquellos con una dieta más variada pueden a llegar a comer 95 productos, mientras que en el otro extremo, ingieren sólo 55. Esto, pese a que existen al menos 190 productos para ser incorporados a la dieta.
El problema: la mayoría de los alimentos que quedan fuera son verduras, frutas y pescados y mariscos. De los 23 tipos de verduras disponibles en ferias libres y supermercados de Santiago, los menores estudiados sólo comen 12. En el caso de las frutas, de un total de 33 ingieren apenas 17. Más dramático es el caso de pescados y mariscos. De 28 productos marinos disponibles en la capital, los preescolares consumen apenas dos: jurel enlatado y merluza fresca. Nada de mariscos, aun cuando pueden comerlos a esa edad. Lo anterior se ve compensado por un aumento en el consumo de golosinas y azúcares. De las 17 clases de productos incluidos en esta categoría, los preescolares consumen habitualmente 10. Una situación sobre la que no existían estudios en Chile y que, a juicio de Castillo, es muy preocupante. "Nadie espera que consuman todo, pero es deseable que cualquier familia consuma entre 120 y 130 ingredientes de manera regular", explica.
Efectos en la salud
La pobre ingesta de vegetales que mantienen los preescolares chilenos se traduce en un déficit de fibra. Por un lado, las verduras aportan fibra insoluble, la cual ayuda a mejorar el tránsito digestivo, mientras las frutas entregan fibra soluble, que regula los niveles de colesterol y glucosa en la sangre. Además, una reciente investigación de la U. de Illinois en EE.UU. demostró que la fibra soluble también ayuda a mejorar las defensas del organismo contra patógenos externos.
El bajo consumo de fibra también es un factor de riesgo para el desarrollo de cáncer de colon, mama y vejiga. Por otro lado, el escaso consumo de pescados y mariscos impide una absorción suficiente de ácidos grasos Omega 3, que ayudan a reducir el riesgo de hipertensión, ataque al corazón y el aumento de triglicéridos. La ausencia de estos alimentos en favor de otros como carnes, fideos, pan y dulces aumenta la densidad calórica de las comidas, es decir, las porciones contienen más calorías de las recomendadas, lo que promueve el sobrepeso y los males cardiovasculares y metabólicos.
Neofobia y herencia
Luego de entrevistar a las madres de los preescolares estudiados, los investigadores encontraron dos explicaciones al fenómeno. Por una parte, ellas indicaron que no les daban una dieta más variada a sus hijos, porque a éstos no les gustaban algunos productos. Un fenómeno conocido como neofobia o el rechazo a probar nuevos sabores. "Los niños que consumen por primera vez alimentos que no son dulces, sobre todo los neutros y los con tendencia al amargo, como muchas verduras, tienden a rechazarlos", explica Castillo. Sin embargo, esto no implica que haya que restringir para siempre su consumo. Luego de cuatro a 10 exposiciones al alimento, el niño comienza a tolerarlo y lo incorporará a su alimentación sin problemas.
Otro factor que influye es que las madres tampoco consumen muchos alimentos, porque su consumo habitual no les fue educado desde niñas. Una hipótesis coincidente con un estudio realizado por el INTA y que reveló que sólo el 8% de los chilenos entre 18 y 60 años consume cinco porciones de frutas y verduras al día, como o sugiere la OMS. "En esta etapa los niños deben tener incluidos la mayoría de los alimentos que ingerirán el resto de sus vidas, por lo tanto, si el consumo es restringido se debe, principalmente, a malos hábitos familiares y no sólo a limitaciones económicas", dice.
Aunque la decisión de compra es de los padres, ésta no sólo influye en la calidad de la alimentación de ellos, sino también de sus hijos. Así lo constató una investigación de la U. de Chile, dirigida por Carlos Castillo: en promedio, los menores de cuatro años comen sólo 75 alimentos distintos. Aquellos con una dieta más variada pueden a llegar a comer 95 productos, mientras que en el otro extremo, ingieren sólo 55. Esto, pese a que existen al menos 190 productos para ser incorporados a la dieta.
El problema: la mayoría de los alimentos que quedan fuera son verduras, frutas y pescados y mariscos. De los 23 tipos de verduras disponibles en ferias libres y supermercados de Santiago, los menores estudiados sólo comen 12. En el caso de las frutas, de un total de 33 ingieren apenas 17. Más dramático es el caso de pescados y mariscos. De 28 productos marinos disponibles en la capital, los preescolares consumen apenas dos: jurel enlatado y merluza fresca. Nada de mariscos, aun cuando pueden comerlos a esa edad. Lo anterior se ve compensado por un aumento en el consumo de golosinas y azúcares. De las 17 clases de productos incluidos en esta categoría, los preescolares consumen habitualmente 10. Una situación sobre la que no existían estudios en Chile y que, a juicio de Castillo, es muy preocupante. "Nadie espera que consuman todo, pero es deseable que cualquier familia consuma entre 120 y 130 ingredientes de manera regular", explica.
Efectos en la salud
La pobre ingesta de vegetales que mantienen los preescolares chilenos se traduce en un déficit de fibra. Por un lado, las verduras aportan fibra insoluble, la cual ayuda a mejorar el tránsito digestivo, mientras las frutas entregan fibra soluble, que regula los niveles de colesterol y glucosa en la sangre. Además, una reciente investigación de la U. de Illinois en EE.UU. demostró que la fibra soluble también ayuda a mejorar las defensas del organismo contra patógenos externos.
El bajo consumo de fibra también es un factor de riesgo para el desarrollo de cáncer de colon, mama y vejiga. Por otro lado, el escaso consumo de pescados y mariscos impide una absorción suficiente de ácidos grasos Omega 3, que ayudan a reducir el riesgo de hipertensión, ataque al corazón y el aumento de triglicéridos. La ausencia de estos alimentos en favor de otros como carnes, fideos, pan y dulces aumenta la densidad calórica de las comidas, es decir, las porciones contienen más calorías de las recomendadas, lo que promueve el sobrepeso y los males cardiovasculares y metabólicos.
Neofobia y herencia
Luego de entrevistar a las madres de los preescolares estudiados, los investigadores encontraron dos explicaciones al fenómeno. Por una parte, ellas indicaron que no les daban una dieta más variada a sus hijos, porque a éstos no les gustaban algunos productos. Un fenómeno conocido como neofobia o el rechazo a probar nuevos sabores. "Los niños que consumen por primera vez alimentos que no son dulces, sobre todo los neutros y los con tendencia al amargo, como muchas verduras, tienden a rechazarlos", explica Castillo. Sin embargo, esto no implica que haya que restringir para siempre su consumo. Luego de cuatro a 10 exposiciones al alimento, el niño comienza a tolerarlo y lo incorporará a su alimentación sin problemas.
Otro factor que influye es que las madres tampoco consumen muchos alimentos, porque su consumo habitual no les fue educado desde niñas. Una hipótesis coincidente con un estudio realizado por el INTA y que reveló que sólo el 8% de los chilenos entre 18 y 60 años consume cinco porciones de frutas y verduras al día, como o sugiere la OMS. "En esta etapa los niños deben tener incluidos la mayoría de los alimentos que ingerirán el resto de sus vidas, por lo tanto, si el consumo es restringido se debe, principalmente, a malos hábitos familiares y no sólo a limitaciones económicas", dice.













