He aquí una guía de las tendencias ecológicas que se están masificando en Chile y que pegarán fuerte durante esta década.
Por Leyla Hales Suez
Fuente: Revista El Sábado. 30 de enero de 2010
Gadgets ecológicos
Marcelo Mena es fanático de los gadgets ecológicos. Si no los encuentra en Chile, los encarga por internet, que es lo que generalmente sucede. Este ingeniero civil bioquímico y director del Magíster en Gestión Ambiental de la Universidad Andrés Bello, no se baja de su bicicleta. Y mientras pedalea por las calles de Santiago usa su Hymini para cargar su celular con la energía eólica y solar.
El Hymini le costó 70 dólares y funciona conectado a la bicicleta o al auto. También tiene un Wattson, un aparato que funciona con el concepto de "smart meter" (medidor inteligente). Conectado al medidor de electricidad, va marcando si el consumo de electricidad es normal, está bajo el promedio o sobre el promedio. "Es muy útil, porque así uno puede saber cuando algún artefacto quedó encendido. Me costó 90 lucas por internet".
Lo que Mena quiere comprarse ahora es un enfriador de aire, que sí se vende en Chile. "Es una especie de ventilador que funciona con agua. Es una manera sustentable de enfriar el ambiente, gasta 10 veces menos que el aire acondicionado y consume lo mismo que un ventilador. Cuesta 30 o 40 lucas".
El mercado cada vez ofrece más productos de este tipo, como la Ecobola, una pequeña esfera que sirve para lavar ropa sin detergente. María Prieto (ver "Huertas en el departamento" en la siguiente página) tiene una. "Básicamente ioniza el agua de tal manera que sale la mugre de la ropa. Y dura un par de años", cuenta.
El mercado orgánico
Son pasadas las 12 del día y la clase de cocina a cargo de la chef Sol Fliman, del restaurante El Huerto, está a punto de comenzar en el Mercado Orgánico de Vitacura. Es sábado y el menú de este fin de semana es Gazpacho y Tapenade, una especie de pasta de aceitunas verdes, alcaparras y almendras tostadas.
Desde que se inauguró el mercado hace dos meses, la cantidad de público ha aumentado constantemente. Hoy hay casi mil personas recorriendo los diferentes puestos que ofrecen productos orgánicos: huevos de campo, aceite de oliva, pan, mermeladas, frutas, verduras. También productos de belleza.
Los hombres se reúnen en el stand de cata de vinos biodinámicos de Viña y los niños pintan en el espacio infantil de la feria. La clase de cocina comienza y las mujeres escuchan atentas los ingredientes de la receta del día.
Las clases son interactivas, cuenta Cristina Goyeneche, una de las impulsoras de esta iniciativa junto a seis socios. Se demoraron dos años en reunir a los pocos agricultores y fabricantes de productos libres de pesticidas que existen en Chile.
El interés de Cristina por los productos orgánicos nació debido a las alergias de su hijo, que la obligaron a buscar alimentos de este tipo cuando era muy difícil de encontrarlos. En el recorrido, le llamó la atención el potencial que existía en desarrollar una empresa en esta área.
-El mercado ha sido muy bueno, porque se transformó en un espacio familiar. La gente no sólo compra y se va, si no que también aprende con los talleres que se dictan. Todos llegan con sus bolsas de género, hay puntos de reciclaje y sólo se usan botellas de vidrio para envasar los productos -explica.
Cristina también es gerente general de ApioPalta, un almacén de productos orgánicos con despacho a domicilio.
-El real desafío del mercado va a ser en invierno por el clima y porque será más difícil el abastecimiento de hortalizas. En febrero se traslada a Cachagua.
Huertas en el departamento
Es viernes al mediodía y hay más de 30 grados de calor en Santiago. En Quinta Normal, específicamente en Matucana 100, un grupo de 11 personas trabaja con palas y rastrillos en lo que llaman "el punto 13" de este centro cultural: la huerta orgánica. En medio del lugar hay una pileta con agua repleta de plantas que flotan en la superficie. También hay un sombreadero (para mantener la sombra) hecho de colihues, donde se guardan los almácigos, y un poco más allá hay una tina con más plantas acuáticas. Sentada en una banca de madera, está María Prieto, agricultora biodinámica y directora de este espacio, lista para impartir un taller de implementación de huertas.
Plantar huertas en espacios urbanos es una tendencia que ya entró con fuerza al país. Ya no es necesario vivir en una casa con un patio grande. Hoy, en algunos edificios de Santiago, se cultiva en las terrazas, en las azoteas, incluso dentro de los departamentos.
"Estoy teniendo cada vez más gente interesada en mis talleres, de todas las edades y todos los sectores. Les enseño a cultivar en pequeños espacios y funciona, aunque tengan 10 metros disponibles", cuenta María Prieto, también directora del sitio web veoverde.com.
María estudió en Emerson College de Inglaterra y tiene el título de Farm Manager certificado por la Unión Europea. Trabajó en Escocia, Italia, Francia, Israel y Sierra Leona. Come sólo productos orgánicos, en su casa se recicla y tiene una lavadora que no usa detergente.
"Mi objetivo es darle la posibilidad a la gente que cultive de manera orgánica, sin agroquímicos. Que todos metan las manos en la tierra".
Hasta septiembre de 2008 el "punto 13" era un peladero. El suelo era irregular y no contaban con los recursos para emparejarlo. Ahora, en ese mismo suelo hay un pequeño cerro lleno de tréboles, se cultivan zanahorias, tomates, acelgas, albahacas, papas, cebollas, puerro, zapallos italianos, amaranto, pimentones y rúcula. Todos los que participan se pueden llevar para la casa lo que haya para cosechar. Esta huerta alimentó a más de cien personas entre enero y abril de 2009.
Hoy, después del trabajo, todos comerán zanahorias bajo la sombra.
Parecido es el caso de Stephanie Holiman, gestora de El Huerto Hada Verde, quien también enseña a sus vecinos cómo cultivar productos orgánicos. Stephanie llegó a Chile desde Oklahoma hace 10 años, pero sólo en los últimos 4 comenzó a interesarse por la agricultura orgánica. Hizo cursos de Diseño de Permacultura, talleres de Agricultura Orgánica y pensó que instalar una huerta comunitaria en el patio de su casa en Providencia no sería una mala idea.
"Cada integrante aporta una cuota mensual y trabaja una cierta cantidad de horas en la huerta, para llevarse a cambio una parte de la producción. Llegamos a tener diez socios o familias, lo que era mucho para el espacio de 100 metros cuadrados que tenemos".
En la actualidad, Hada Verde cuenta con varias camas de cultivo, tres invernaderos, un gallinero con cinco gallinas, varias composteras, una lombricera, una parra, un naranjo, un espiral de hierbas (con romero, lavanda, tomillo, salvia, poleo, hierba buena, llantén, etc.), y un vivero para los almácigos.
Casa con ideas
Pablo Sills, arquitecto y profesor de la U. Técnica Federico Santa María, le hablaba a sus amigos de su idea de usar la energía solar en su departamento para calentar el agua y generar electricidad, pero ellos pensaban que estaba loco. Hoy, los termopaneles empiezan a masificarse en Chile, y Pablo puede comprobarlo en su empresa Diav que asesora en eficiencia energética a viviendas particulares, públicas, inmobiliarias y oficinas. La demanda, dice, ha crecido. "Ahora todos los edificios nuevos tienen que contar con un especialista en eficiencia energética. Se convirtió en un tema país. En mi caso, más que eso, me interesa tener una vida un poco más sana".
Cuando Sills, master en Energía Renovable y Arquitectura de la U. de Nottingham, Inglaterra, se mudó, junto a su mujer, al último piso de un departamento en Providencia, no sólo puso termopaneles. También plantó un jardín en la azotea para aislar el frío y el calor, usando una delgada capa de tierra. Gastó 20 millones de pesos aproximadamente en todo. Pero asegura que, con lo que se ahorra, valió la pena. "No tengo que pagar gas, porque el agua se calienta con el sol. Tengo una cobertura de 100 por ciento desde septiembre a abril, y en invierno baja a 90 por ciento. La electricidad me sale dos mil a tres mil pesos mensuales y tengo una diferencia de 20 grados de temperatura gracias al techo verde".
Ahorra aproximadamente 400 mil pesos en gas al año. Sus amigos ya no piensan que está loco.
Ropa políticamente correcta
En un viaje a Canadá, Daniela Valdés descubrió la ropa orgánica. Hoy es dueña de Pure Cotton, la marca de ropa para guaguas fabricada con algodón 100 por ciento orgánico. Al principio era una excentricidad, pero hoy cuenta cada vez con más clientes que buscan su sitio en internet.
"Que la ropa sea orgánica significa que no tiene químicos en su fabricación. El algodón es cultivado sin pesticidas y posee un certificado que asegura que los trabajadores tienen buenos sueldos y no son explotados".
Daniela no es la única que vende ropa orgánica. Otras tiendas son BB Orgánico, Taller Delira y el local vitual Ser-organico.cl.
Daniela vive en Batuco, trata de consumir la mayor cantidad de alimentos orgánicos y tener una relación amigable con el medio ambiente.
A 36 kilómetros de allí, en el centro de Santiago, se encuentra Dolly Davis, la tienda de ropa y accesorios de la diseñadora independiente Javiera Quesney. Su local está lleno de ropa de colores fuertes y accesorios.
Pero su propuesta es distinta a la de Daniela. Los diseños de Javiera utilizan materiales que botan las fábricas de ropa. También usa deshechos de una empresa de computadores y arma billeteras y monederos con disquetes, piezas electrónicas, casettes y CD's. Además, ahora está usando la mica que botan las imprentas para hacer nuevos modelos de billeteras.
"Partí con el plástico que botaban en el mismo barrio para hacer los estampados de las poleras. En cada esquina de Patronato te encuentras con algo; es increíble la cantidad de desechos útiles que hay en las basuras de los talleres. Yo siento que hago algo con contenido. Le doy al diseño un valor agregado que es el reciclado y, por lo tanto, el cuidado del medio ambiente. Así la gente empieza a mirar la basura de otra forma. Todos me felicitan".












