Vivir en medio de la ciudad ya no es excusa para no plantar. Distintas iniciativas buscan rescatar la siembra de verduras orgánicas y, de paso, lograr que los habitantes del mismo barrio se conozcan entre sí.
A cambio de ayudar a preparar el compost que servirá de abono para la huerta, varias tardes Javier Molina vuelve a su casa cargando algunos tomates cherry, lechugas, y, si es temporada, sabrosos zapallos, entre otras verduras frescas.
Javier vive en una tranquila calle de Providencia y su vecina es Stephanie Holiman, quien desde hace cuatro años construyó en su jardín el huerto comunitario Hada Verde ( http://huertohadaverde.blogspot.com ).
En su vergel hay días donde vecinos y amigos voluntarios, como Javier, pueden ayudar a hacer almácigos, trasplantar, regar, controlar las plagas o aprender a fabricar fertilizantes naturales, entre otras labores, que según Stephanie "son inagotables".
"Siempre hay algo que se pueda hacer. ¡Trabajo no falta! El fin de semana también vienen algunos vecinos oficinistas a relajarse un rato ayudando acá y a pasar un momento en contacto con la tierra", asegura Stephanie.
Y agrega: "Me pasa mucho que cuando terminan su labor y les doy las gracias por haber venido a trabajar, ellos me dicen, 'No, gracias a ti por tener este espacio'".
Todos ayudan
En los 100 metros cuadrados del Huerto Hada Verde crecen papas, acelgas, zapallos italianos, lavandas, salvia, entre decenas de otras especies.
Pero no fue siempre así. Años atrás, los cultivos de Stephanie estaban apretados en el balcón de un departamento santiaguino.
Luego, como eran muchos los amigos que querían participar en el proceso, Stephanie pidió prestado el trozo de un patio que rápidamente les quedó chico. Finalmente llegó a esta casa donde hay espacio suficiente para todos.
Claro que su iniciativa no es la única que busca promover los huertos colectivos.
En la Villa Cuatro Álamos, de Maipú, los vecinos ya no compran menta, toronjil ni paico.
Todas estas hierbas medicinales las obtienen de una plantación común que crearon al lado de la cancha de fútbol del barrio.
"La idea es que cada uno saque lo que estime conveniente y ha funcionado. Aunque somos 330 personas en la villa, nadie saca la mata completa", explica Luis Márquez, presidente del centro cultural, social y de medioambiente El Ceibo, que desde 2005 ha estado detrás de la mayoría de las iniciativas ecológicas de este sector de Maipú.
En su centro, por ejemplo, también tienen un huerto y un invernadero donde los vecinos pueden acercarse a cosechar ciboulette, ají, acelgas, entre otras verduras y donde, además, se les enseña a todos los interesados sobre los cuidados para crear una huerta orgánica.
Más amigos
Tanto ha prendido la idea entre los vecinos, que "algunos llegan con plantitas que les regalan familiares del campo y las plantan acá", dice Luis.
Todos trabajan en el cuidado de las plantas: "Incluso tenemos una plaza donde pusimos puros árboles frutales. Naranjos, limoneros, manzanos, duraznos, nogales, entre muchos árboles nativos, y lo que hicimos fue que cada vecino que vive cerca de la plaza apadrine un árbol. Así, él da aviso si el árbol tiene pestes o cualquier otro problema", agrega Luis.
Su idea es replicar estas iniciativas en otras zonas del país y por eso, cada mes, 250 dirigentes de Rancagua, Curicó y Santiago van a aprender de este "ecobarrio".
"Con esta forma de vida puedo conseguir alimento sano, tener medicina natural, aprender de la tierra, y además, ayudar a que los vecinos nos conozcamos más. Hay gente que llevaba años viviendo aquí y que la empezamos a conocer porque llegó atraída por el huerto", afirma Luis Márquez.
Apoyo comunal
En el borde del canal San Carlos -en la esquina de Larraín con Tobalaba-, en un terreno cedido por la Municipalidad de La Reina, Bertina Soto está a cargo del huerto "Las Niñas". Con sus propias manos sacó toda la basura que se había acumulado en el sector para poder dejar el terreno cultivable. Con el tiempo, y la ayuda de los vecinos (que le llevan envases de yogurt, botellas plásticas y maceteros viejos), Bertina ha plantado cientos de almácigos, muchos de los cuales ya se han convertido en enormes plantas. Otros amigos le aportan semillas y desechos orgánicos con los que hace, según asegura, "el mejor compost de Chile", que vende, al igual que las plantas y hortalizas. "Les agradezco a todos, desde los vecinos que siempre me traen cosas que me sirven, hasta a los de la Municipalidad, que me traen el agua".
Fanáticos de lo natural
STEPHANIE HOLIMAN
"La mayoría de las verduras que yo como son de aquí. Sólo compro las cosas que no se dan bien, como los pimentones o los porotos. Pero todos los días hay algo que se puede comer de la huerta, y eso es muy bueno; sobre todo porque el sabor es muy distinto a lo que se compra en el supermercado".
JAVIER MOLINA
"Cuando Stephanie se va a la playa, los vecinos quedamos a cargo de regar el huerto y de darle comida a las gallinas que tiene acá. A mí me encanta venir, porque me relaja, me ayuda a desconectarme. Trato de venir todas las semanas a ayudar. Además, no me cuesta mucho, porque tengo la suerte de vivir al frente".












