Hay tres investigaciones para medir las emisiones. Los resultados preliminares son positivos. Para comenzar a rotular ya trabajan en una ISO que certifique la huella en todo el mundo.
Fuente: Revista del Campo. 24 de mayo de 2010
Fue hace poco más de 10 años cuando apareció la huella de carbono. Hoy es ya es prácticamente una exigencia para los productores y exportadores. Y es que en menos de una década los países crearon legislaciones que obligan a medirla, y aparecieron empresas que crearon sistemas de medición y certificación de cuánto CO2 se emite al producir cualquier producto. Chile no podía quedarse afuera, aún cuando para muchos la medida sea una acción pararancelaria escondida como ambiental. Aun así, para poder ser competitivo el país está obligado a cumplir con los estándares, por lo que tiene que identificar los valores de sus productos, especialmente los del agro. Por eso el Gobierno, las universidades, productores y exportadores han trabajado en diferentes investigaciones para saber cuánto contamina la agricultura chilena.
Sin embargo medir el CO2 no es algo simple ni uniforme, no sólo porque existen estándares y protocolos diversos según el mercado de destino, sino porque a nivel local también hay diferencias. "No se puede hablar de la huella de carbono de las frutillas chilenas, eso es una falacia, porque este número varía de acuerdo a la zona, el productor e incluso la época en la que se mide", explica el investigador de INIA, Sergio González.
De hecho, el tema está en plena discusión en Chile para tratar de definir una cifra uniforme. "Las huellas de carbono deberán ser debidamente ponderadas y ajustarse a los lineamientos que se señalen", comenta Anthony Wylie, director de investigación y posgrado de la Escuela de Agronomía de la Universidad Santo Tomás, donde realizan un estudio respecto de la huella de carbono.
¿Qué está haciendo el agro?
Pero los cambios son complejos y cada día son más los requerimientos para el sector. Los fruteros lo saben bien. "El problema es que las exigencias que nos imponen van más rápido que nuestra capacidad de reacción en el proceso productivo, porque es un ciclo lento, que nos obliga a replantearnos las formas de elaboración actuales y comenzar a buscar nuevas", dice Rodrigo Echeverría, presidente saliente de Fedefruta.
Actualmente, nadie tiene certeza de cuánto va a costar la inversión en huella de carbono, ya que depende de las condiciones de cada cultivo. Para los productores, el objetivo es mantener un bajo costo de inversión. Por eso antes de tomar medidas están recolectando la mayor cantidad de información posible, para evaluar las condiciones actuales de producción y determinar si el objetivo es conseguir una huella cero o no, decisión que aún no está fijada.
Entre las opciones que manejan los expertos, todos coinciden en generar una guía para la eficiencia energética y reducción de emisiones. De hecho, Asoex está trabajando en una para la industria frutícola, que entregue soluciones fáciles y de bajo costo, al igual que la Universidad Santo Tomás, donde se está gestando una medición de uvas y manzanas. Según Wylie, "es posible a nivel de huerto reducir las emisiones y aumentar las capturas. La adecuada gestión de la línea de frío y el manejo de los suministros pueden reducir apreciablemente la huella", afirma.
En INIA, donde se realiza otra investigación, afirman que crearán una página donde estén las recomendaciones para orientar a los productores.
Para ellos también es importante generar programas de apoyo financiero para los productores que quieran medir su huella y no cuentan con los recursos suficientes.
Pero hay quienes piensan en medidas más drásticas. Los exportadores comentan que cambiar la matriz energética, desarrollar sistemas de información y transferencia a productores y contar con un inventario público de emisiones para los insumos agrícolas están entre las principales modificaciones que permitirán bajar las huellas de las frutas.
Muy bien en manzanas
Un estudio realizado por la Asoex para determinar la huella de las manzanas indicó que, con transporte incluido, el país genera 181 kilos de CO2 por cada tonelada de manzanas. Esto es 4 kilos menos que los neocelandeses y casi 100 kilos menos que los ingleses.
"Estas cifras muestran que Chile no ha perdido competitividad por efecto de la huella de carbono, pues nuestros números son similares, en igualdad de condiciones base, a los de los países competidores", dice Cristián Carvajal, de Asoex.
Coincide Anthony Wylie. "Estamos en la vanguardia de la producción frutícola, se han incorporado tecnologías de frontera y por ello es posible ajustar procedimientos variables que tengan una incidencia mayor en la huella de carbono".
La huella tendrá una ISO
Tras la explosión de la huella de carbono emergieron empresas, certificadoras y sistemas que generaron diferentes formas de medir la huella de carbono. Por eso Chile todavía no define una manera específica. En busca de unificar criterios, el Instituto Nacional de Normalización (INN) está trabajando en una ISO que permita que todos tengan los mismos parámetros. "A fines de este año la norma debiera estar ya aprobada", comenta González, quien está trabajando con el INN. Aunque a nivel de ley todavía no hay nada en planes. Como la ISO no es obligatoria, mientras el Estado no lo sume como obligación será opcional.
En el estudio del INIA emplearon la norma británica, la misma que evalúan para la ISO, pero en Asoex emplearon una certificación neocelandesa. De hecho, los exportadores firmaron una alianza estratégica con el programa Carbon Zero para capacitar, informar y fijar proyectos para disminuir las emisiones de la industria frutícola de exportación.
Inia estudia frutas, carnes y semillas
En el Instituto de Investigación Agraria (INIA), la huella también es una preocupación fundamental. Por eso su investigador, Sergio González, comenzó hace un año un estudio que incluye productos de exportación como las paltas, manzanas, arándanos, carnes bovinas magallánicas, queso gouda y semillas.
Este estudio ya terminó su fase de recolección, aunque aún están procesando los datos. Según González las noticias serían buenas.
"Estamos con números que deberían estar bien respecto del mundo", comentó. En su pesquisa también detectó que el principal problema fue el transporte y no el cultivo. Para González los números de CO2 se duplicaban al sumarles el envío. Pese a que las investigaciones revelan que la vía marítima es bastante eficiente, hay productos como los berries que van por vía aérea, lo que eleva desmesuradamente su nivel de CO2.
Por: Andrea Ortega Carreño.












